Uno está solo
Solo
Uno se queda sin uno en el humo del cigarro más liviano de su vida
Solo
Solo en una calle desierta
Solo de espaldas contra el pavimento mientras es atracado
Solo
solo en las manos ahora vacías
Solo.
Solo en la pena
solo en la carencia
solo en la abrumadora conciencia de lo que no es más.
Solo.
Solo en la puerta
Solo en su barrio pobre
Solo.
Uno está tan solo
tan solo
solo en el trémulo terror
solo
Solo en los abrazos blancos
solo en las preguntas
Solo.
Sola.
Estás tan sola, América, tan sola.
Sola.
Solo
solito
solo.
Solo ante el carro que se esfuma.
Solo
los dedos
solo
la ceniza
solo
el dolor
solo
la luz se apaga
solo
el fondo.
El fondo que siempre está más abajo.
Abajo
abajo
abajo
abajo
abajo
abajo
Y ahí
mientras tanto
en la caída
uno solo.
miércoles, 20 de noviembre de 2013
miércoles, 5 de junio de 2013
Me descubro
sola. Los ojos dejan de decir lo que pasa afuera y una neblina mugrienta me va
apagando los sentidos. Pierdo el control del volante. Me desvanezco en pánico y
me sorprendo en la cama, que no me concede relamer mi alivio, escupiéndome al
techo. Y giro en la oscuridad del aire mientras lloro de terror sin poderme
aferrar a las cortinas, o a la lámpara, o a las paredes.
Me sé en un
sueño. Me despierto. Me seco las lágrimas.
Y en medio
del frío agravado por la desnudez,
sin nadie
bajo mi techo, compartiendo mi sábana, estorbándome en la almohada,
finalmente
lo comprendo:
No tengo a
alguien conmigo.
No tengo quien
me dé el valor de decir que temo.
No tengo
otra cama a la que quiera huir,
ni una voz
adormitada que me pueda responder con la urgencia de la herida que el filo del
timbre telefónico clava a estas horas de la madrugada.
jueves, 2 de mayo de 2013
De nuevo tu
piel
blanquecina
amarillenta,
de nuevo tu
piel blanda
apenas recordada,
apenas vivida.
La ofrenda
de tu cuello eterno que disipa multitudes amigas
se abre para
mí
una vez más.
Me das tu
olor,
me jurás tu
olor
y no lo
encuentro.
Te rozás con
insistencia en una trampa de la que no me entero
sino hasta
muy tarde,
cuando ya no
hay tiempo,
cuando la
excusa ha expirado.
Ya no me queda nada,
más que la fallida respiración paralela,
más que tu risa victoriosa ante el acierto.
Solo me aferro a tu temblor de hombre excitado
que sí, que sí recuerdo.
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